Bajo el ruido de las motos, las terrazas y las colas ante las heladerías del centro, Sevilla guarda otra ciudad que casi no se ve. Uno de sus rincones más singulares es el pasadizo subterráneo que une la iglesia de San Luis de los Franceses con la Capilla Doméstica de los jesuitas, atravesando la cripta barroca del templo. Untúnel real, documentado y hoy visitable, que durante siglos quedó fuera del mapa de la ciudad. - Fuente
En la práctica hablamos de un pequeño laberinto bajo tierra en pleno casco histórico. El conjunto de San Luis de los Franceses, antiguo noviciado de la Compañía de Jesús, está considerado uno de los mejores ejemplos del barroco sevillano. Se levantó entre finales del siglo XVII y comienzos del XVIII bajo la dirección de Leonardo de Figueroa y hoy pertenece a la Diputación de Sevilla, que lo ha convertido en uno de los grandes polos de turismo cultural de la ciudad.
La cripta se diseñó para proteger la iglesia de las filtraciones de agua y acabar con las humedades del subsuelo, pero terminó cumpliendo otra función muy distinta. Durante las restauraciones recientes se localizaron restos de más de doscientos cuerpos, enterrados en nichos que aún se adivinan en las paredes curvadas que rodean el espacio. Los estudios apuntan a jesuitas, novicios, monjas e incluso niños, en una época en la que el edificio también funcionó como hospicio. Algunos cadáveres aparecieron apenas cubiertos por un lienzo, sin ataúd, lo que da una idea de la dureza de la vida y la muerte en aquel entorno.
El acceso a ese nivel inferior se realiza por una escalera lateral desde el patio principal. Una vez abajo, la cripta ocupa el mismo perímetro que la iglesia superior y se organiza como un gran espacio central rodeado por un corredor en anillo. La atmósfera es fría, silenciosa, con la luz justa para leer las lápidas y seguir el trazado original del cementerio bajo el templo. Quien baja desde el sol de la calle nota el contraste al instante.
El elemento que convierte este lugar en algo todavía más singular es el pasadizo que prolonga la cripta y conecta directamente con la Capilla Doméstica, situada a pocos metros, ya fuera del volumen principal de la iglesia. Este corredor subterráneo, del que apenas habían oído hablar muchos sevillanos, refuerza la idea de que el noviciado jesuita funcionaba como una pequeña ciudad bajo tierra, con recorridos propios al margen de la trama de la calle.
La Capilla Doméstica, terminada en las primeras décadas del siglo XVIII, era el oratorio interno del noviciado. Es un espacio más íntimo, con planta de salón, bóveda de cañón, cúpula elíptica y una decoración que mezcla frescos, yeserías y un retablo de enorme riqueza escultórica. Allí se celebraba la vida cotidiana de la comunidad jesuita, mientras que la iglesia pública miraba hacia el exterior. La conexión directa por el túnel permitía desplazarse entre ambos ámbitos sin pasar por la superficie.
Todo esto encaja en un contexto más amplio. El subsuelo de Sevilla está lleno de historias sobre pasadizos que conectan iglesias, palacios y conventos. Muchas son solo leyenda, pero otras se han confirmado con excavaciones modernas. Entre los casos reales se citan galerías en la calle Abades o bajo la Plaza de la Pescadería, además de otras estructuras romanas y medievales dispersas por la ciudad. En este paisaje de mitos y certezas, el túnel de San Luis se sitúa en el grupo de los que sí existen, se pueden documentar y hoy forman parte del patrimonio visitable.
Quien se acerque ahora a San Luis de los Franceses no solo entra en una iglesia monumental. La visita incluye la cripta, la Capilla Doméstica y nuevas salas expositivas, dentro de un recorrido que distintas empresas culturales y la propia institución ofrecen de manera regular. La entrada general al conjunto ronda los cuatro euros y las visitas guiadas permiten entender mejor la arquitectura, las funciones de cada espacio y la dimensión histórica de este pequeño mundo jesuita soterrado.
Según la Diputación, la exposición permanente instalada en el conjunto y el propio monumento han registrado en torno a 58.500 visitas en su primer año, lo que confirma que este enclave se ha consolidado como uno de los grandes atractivos del turismo cultural sevillano. Para quien busca una ciudad más pausada, lejos de las aglomeraciones alrededor de los monumentos más famosos, este tipo de espacios ofrece otra forma de mirar Sevilla, más cercana al patrimonio y, en buena medida, más respetuosa con el entorno urbano.
El túnel que baja desde la iglesia hasta la Capilla Doméstica resume bien esa cara oculta de la ciudad. Bajo los pies de los vecinos y de los visitantes hay una historia de agua, de piedra, de entierros y de vida cotidiana que solo se entiende al recorrer estos pasillos en silencio. El comunicado oficial más reciente sobre San Luis de los Franceses y la exposición Patrimonio Histórico de la Diputación de Sevilla, 1500 1900 Arte y Beneficencia ha sido publicado en la web de la Diputación de Sevilla.
Los 10 principales pasadizos bajo la ciudad de Sevilla - Fuente
El templo romano de la calle Mármoles y el Antiquarium de las Setas, son claras pruebas de cómo todo un antiguo poblado yace bajo las tierras de Sevilla. Historiadores han mencionado como un pasadizo bajo tierra une al Alcázar y Triana con la Torre del Oro. Es sabido también como los romanos durante el Imperio construían túneles que hacían de cloacas. De todos estos ejemplos, son muchos los pasajes a metros bajo tierra que podemos encontrar en Sevilla:
1 – Pasaje de Argote de Molina:
Anteriormente conocido como el Callejón de las Brujas entre los siglos XVI y XVII. Este pasaje se encuentra debajo del actual restaurante Don Raimundo.
2 – Pasadizo en calle Abades:
Por unas obras cívicas en el año 70 fue que se profundizaron los estudios sobre este túnel. Se cree que en el siglo XIX una esclava aprovecho el pasaje para escapar de su captor durante la distracción de un carnaval.
3 – Cueva de Hércules:
Es un pasaje subterráneo de los mas populares y que su extensión original abarcaba desde la Iglesia de Santa María la Blanca hasta la popular calle Mateos Gago.
4 – Cisterna romana:
Debajo de la Plaza de la Pescadería a tan solo 60 centímetros de la superficie, existe una estructura hidráulica que cuenta con 4 metros de profundidad. Esta estructura está compuesta por un total de tres naves, cada una de 41 metros por 5 metros. Fue descubierta en el año 2006. Esta estructura pertenece al siglo II cuando servía a la distribución del agua. Las visitas a su interior han sido habilitadas en escasas ocasiones.
5 – Pasadizos del Real Alcázar:
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| La cripta subterránea del Patio de Banderas, situada bajo el emblemático Alcázar de Sevilla |
6 – Pasadizos calle Torneo:
Esta calle cuenta con varios pasajes bajo tierra que han sido investigados y documentados por el cronista Don Manuel de la Cruz.
7 – Galerías de las casas de la judería:
Bajo el complejo hotelero de Las Casas de LA Judería existe un enorme túnel subterráneo que une y comunica a sus 27 viviendas que ocupan 18000 metros cuadrados.
8 – Túneles del río:
Este dato no es confirmado, pero existe una creencia popular entre los sevillanos de que había dos túneles que unían los dos extremos del río. Uno de estos partía desde los Humeros, y el segundo desde el Hospital de las Cinco Llagas al Monasterio de la Cartuja.
9 – Pasadizos entre criptas:
El cronista Jose María de Mena confirmo la existencia de túneles bajo la Iglesia de San Roque en la plaza de Carmen Benítez. El recorrido partía desde las criptas ubicadas por debajo de la iglesia y llegaba hasta la zona férrea del Campo de los Mártires (actualmente lugar de la Estación de Santa Justa). Este es uno de los pasadizos subterráneos de mayor envergadura descubiertos en Sevilla, gracias a sus dos metros de ancho y dos metros de alto.
10 – Túneles de la Catedral:
Bajo las tierras de la Catedral se encuentran unas galerías que se corresponden a la época musulmana en la península ibérica. Estos pasajes conectan la ubicación de la Catedral con la calle García de Vinuesa, anteriormente calle del Mar. Se cree popularmente que unían al cabildo con el colegio San Miguel y se originaban en los desagües de la fuente que se encuentra en el Patio de los Naranjos.
Conclusión:
En la ciudad de Sevilla, además de su encanto visible, existe un mundo subterráneo que guarda los vestigios de diversas civilizaciones a lo largo de los siglos. Estos pasadizos secretos ofrecen una ventana fascinante hacia la historia de la ciudad. Desde antiguos túneles romanos hasta pasajes utilizados por la realeza, estos espacios subterráneos cuentan historias de amor, intriga y escape. Lugares como el Pasaje de Argote de Molina, la Cisterna romana y los Pasadizos del Real Alcázar revelan una historia oculta que los sevillanos y visitantes pueden explorar en la actualidad. Esta red de pasadizos representa una conexión tangible con el pasado y añade una dimensión enigmática a la rica cultura de Sevilla.









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