«El novio de la muerte» es una canción interpretada en ocasiones solemnes por la Legión española, aunque su himno oficial es la «Canción del legionario». Se canta durante el traslado del Cristo de la Buena Muerte durante la Semana Santa de Málaga. - Fuente Wikipedia
Historia
«El novio de la muerte» era primitivamente un cuplé cantado por Lola Montes con letra de Fidel Prado Duque y música de Juan Costa Casals (1882-1942).
Se interpretó por primera vez el 20 de julio de 1921 en el Teatro Vital de Málaga.
El 30 y 31 de julio de 1921 se interpretó en el teatro Kursaal de Melilla, con gran éxito.
Dado que su letra exaltaba el espíritu militar y legionario, en 1921 fue adoptada por el general Millán-Astray, fundador de la Legión española. En los años siguientes la Legión pasó a interpretarla con ritmo solemne en determinadas ocasiones.
Perdura desde 1928 hasta hoy su uso durante el ritual del traslado del Cristo de la Buena Muerte, durante la Semana Santa de Málaga así como en otros actos de Semana Santa de Jerez de los Caballeros, Ronda y Huelva.
| Letra de «El novio de la muerte» |
|---|
Nadie en el Tercio sabía
quién era aquel legionario
tan audaz y temerario
que a la Legión se alistó.
Nadie sabía su historia,
mas la Legión suponía
que un gran dolor le mordía
como un lobo el corazón.
Mas si alguno quién era le preguntaba,
con dolor y rudeza le contestaba:
«Soy un hombre a quien la suerte
hirió con zarpa de fiera,
soy un novio de la muerte
que va a unirse en lazo fuerte
con tan leal compañera».
Cuando más rudo era el fuego
y la pelea más fiera,
defendiendo a su bandera,
el legionario avanzó.
Y sin temer al empuje
del enemigo exaltado,
supo morir como un bravo
y la enseña rescató.
Y al regar con su sangre la tierra ardiente,
murmuró el legionario con voz doliente:
«Soy un hombre a quien la suerte
hirió con zarpa de fiera,
soy un novio de la muerte
que va a unirse en lazo fuerte
con tal leal compañera».
Cuando al fin le recogieron,
entre su pecho encontraron
una carta y un retrato
de una divina mujer.
Aquella carta decía:
«...si algún día Dios te llama,
para mí un puesto reclama
que a buscarte pronto iré».
Y en el último beso que le enviaba,
su postrer despedida le consagraba.
«Por ir a tu lado a verte,
mi más leal compañera,
me hice novio de la muerte,
la estreché con lazo fuerte
y su amor fue mi bandera».
quién era aquel legionario
tan audaz y temerario
que a la Legión se alistó.
Nadie sabía su historia,
mas la Legión suponía
que un gran dolor le mordía
como un lobo el corazón.
Mas si alguno quién era le preguntaba,
con dolor y rudeza le contestaba:
«Soy un hombre a quien la suerte
hirió con zarpa de fiera,
soy un novio de la muerte
que va a unirse en lazo fuerte
con tan leal compañera».
Cuando más rudo era el fuego
y la pelea más fiera,
defendiendo a su bandera,
el legionario avanzó.
Y sin temer al empuje
del enemigo exaltado,
supo morir como un bravo
y la enseña rescató.
Y al regar con su sangre la tierra ardiente,
murmuró el legionario con voz doliente:
«Soy un hombre a quien la suerte
hirió con zarpa de fiera,
soy un novio de la muerte
que va a unirse en lazo fuerte
con tal leal compañera».
Cuando al fin le recogieron,
entre su pecho encontraron
una carta y un retrato
de una divina mujer.
Aquella carta decía:
«...si algún día Dios te llama,
para mí un puesto reclama
que a buscarte pronto iré».
Y en el último beso que le enviaba,
su postrer despedida le consagraba.
«Por ir a tu lado a verte,
mi más leal compañera,
me hice novio de la muerte,
la estreché con lazo fuerte
y su amor fue mi bandera».
Posibles inspiraciones
La letra se basa en un suceso real que tuvo lugar el 7 de enero de 1921 en Beni Hassán. En el transcurso de una acción militar durante la guerra del Rif, falleció como consecuencia de heridas de guerra el cabo de la primera bandera de la Legión Baltasar Queija Vega. En su bolsillo se encontraron al parecer unos versos que acababa de escribir, emocionado por la reciente muerte de su novia. Poco antes había expresado a sus compañeros el deseo de reunirse prontamente con ella en la otra vida.
Esta historia fue recogida por el fundador de la Legión española, Millán Astray, en su libro La Legión... Al Tercio. Sin embargo, dado lo novelesco del suceso y la falta de datos sobre la actividad poética de Baltasar Queija Vega, algunos historiadores la han calificado como leyenda.
El escritor Arturo Barea, en su libro La Ruta, afirma haber conocido a un legionario que se alistó al perder a una gran mujer de una enfermedad incurable. Según el autor madrileño, el soldado deseaba encontrar la muerte dentro del Tercio, pero los mandos le tomaron cariño y le apartaron de destinos donde pudiera peligrar su vida. En la serie de televisión La forja de un rebelde, producida por Televisión Española, también aparece el mismo legionario.
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