Una Clave de la Transición Española
En la reciente historia de España aparecen algunos nombres que, al margen de opiniones partidarias, ideologías políticas o anécdotas de la Historia, se han ganado a pulso un lugar en los anales de la memoria colectiva. El paso del tiempo habitualmente modifica los recuerdos, suavizando asperezas y magnificando virtudes, y a esto no es ajeno el personaje del que hablamos hoy: Adolfo Suárez. Considerado por una gran mayoría como una de las claves que hicieron que la transición de una dictadura como la franquista a una democracia plena como la que gozamos hoy se desarrollase de una manera paulatina, sin grandes enfrentamientos y, sobre todo, pacíficamente (cosa bastante rara en un país como España, con una larga tradición de conflictos internos solucionados a palos). - Fuente
Adolfo Suárez Biografia
Este político abulense nació en el pueblo de Cebreros, hijo de Hipólito y Herminia, era el mayor de cinco hermanos. Estudió en el colegio San Juan de la Cruz de Cebreros y en el Instituto de Enseñanza Media de Ávila. Con apenas dieciocho años comenzó a cursar “por libre” la carrera de Derecho en la Universidad de Salamanca, estudios que concluyó cinco años después. Tras un paréntesis obligado por la “mili” regresó a Ávila, cuyo Gobernador Civil lo inició en el ámbito de la política al nombrarlo, con sólo 24 años, para un cargo en el Gobierno Civil abulense.
Dos años después, en 1958, comenzó a trabajar en la Secretaría General del Movimiento (la estructura política de inspiración fascista que pretendía ser el único medio de participación en la vida pública española). Había comenzado una carrera política que se revelaría como imparable.
En 1968 fue nombrado como Gobernador Civil de Segovia y un año después fue designado como Director General de Radio Televisión Española, donde permaneció hasta 1973. En el 75 se le nombró como Ministro Secretario Gral. del Movimiento en el último gobierno de la dictadura.
Cuando el presidente de este gobierno renunció a su cargo, el Rey Juan Carlos, recién llegado al poder tras la muerte de Franco en noviembre del 75, Ie encargó la formación de un nuevo Gobierno, el segundo de su reinado. Esta elección de la corona de un joven político prácticamente desconocido generó numerosas críticas. Los más conservadores lo consideraban demasiado joven y alegaban que aún “estaba verde”; para la oposición era un personaje excesivamente conectado al régimen franquista.
Pero la historia demostraría que el Rey, con el consejo de su mentor (Torcuato Fernández Miranda, que había sido profesor de Derecho del joven príncipe) había “dado en el clavo” ya que el joven recién llegado supo aglutinar a su alrededor a algunos políticos de su generación y puso en marcha el proyecto de Ley para la Reforma Política, que con su aprobación a fines del 76 fue el “harakiri” de las Cortes franquistas. Se realizó un referéndum sobre esta Reforma y el apoyo popular fue espectacular: el 94’1% de los españoles que participaron en el referéndum (un 77%, a pesar de que la oposición en pleno había pedido la abstención) votó afirmativamente.
En 1977 Suárez fue elegido presidente del Gobierno tras vencer la UCD (Unión de Centro Democrático, una agrupación de partidos que aglutinaba a demócratas cristianos, liberales y antiguos miembros del sistema franquista) en las primeras elecciones generales que tenían lugar en España desde 1936.
Con el apoyo del pueblo como respaldo, formó un Gobierno en el que incluyó como vicepresidente al General Gutiérrez Mellado, con lo que, de alguna manera, “calmaba” el ruido de sables que se escuchaba en los centros militares. Este gabinete realizó, como una de sus primeras labores, la temeraria acción de legalizar el Partido Comunista de España para que el Parlamento pudiese gozar de todas las garantías democráticas, sin excepción de ideologías, y se impuso la tarea de redactar un texto constitucional basado en el consenso. Hasta este momento, nunca en la historia de España se había realizado un esfuerzo tal de diálogo y negociación a todos los niveles.
El texto de la Constitución Española fue votado y ratificado por el pueblo el 6 de diciembre de 1978 y sigue en vigor en la actualidad como marco legar del Estado democrático español.
En 1979 Adolfo Suárez ganó de nuevo las elecciones generales, pero con menor número de escaños. Además, el fortísimo aumento de los votos en las primeras elecciones locales que la izquierda consiguió y las disputas internas en la UCD debilitaron su protagonismo.
A finales de enero de 1979 Suárez presentó su dimisión como Presidente del Gobierno. Pocas semanas después, durante la sesión parlamentaria de investidura de su sucesor, Leopoldo Calvo Sotelo, se produjo el intento de golpe de estado que hoy recordamos como el 23-F, en el que todo el país pudo ver cómo sólo tres personas mantuvieron la entereza frente a las armas de los golpistas: Santiago Carrillo, líder del PCE (Partido Comunista de España), el Teniente General Gutiérrez Mellado y él mismo, impertérrito en su escaño mientras los demás parlamentarios se echaban al suelo ante la balacera que se desató en el Congreso de Diputados.
Esta imagen fue prácticamente el canto del cisne del político. Los años siguientes vieron cómo fundaba un nuevo partido, el Centro Democrático y Social, que sólo vino a certificar su decadencia. Por fin, en 1991 anunció su retirada de la política.
En 2003 comenzó a sufrir de Alzheimer, enfermedad que se hizo pública en 2005. Irónicamente, uno de los protagonistas de la Historia de España no recordaba nada de su labor en la creación del Estado democrático.
Murió el 23 de marzo de 2014 tras haber recibido una importante cantidad de premios, condecoraciones y homenajes. Pero probablemente el homenaje más importante para Adolfo Suárez sea un lugar de privilegio en la memoria colectiva de los españoles y el agradecimiento unánime a su labor. Una memoria que le había sido robada por la terrible enfermedad.



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